Experiencias Serie X

Retratando la diversidad de Europa con la pequeña X-T10 – Daniel Burgui

Carreteras, senderos, zanjas, puentes, ríos, arroyos, mares, lagos, montañas, valles, avenidas, bulevares, callejas, callejones y muchas fronteras y mucho polvo en la mochila. De junio a septiembre, he tenido la oportunidad de cruzar toda Europa en bicicleta. Más de 3.500 kilómetros desde el mar Negro, en Rumanía, hasta el Océano Atlántico, en el País Vasco, en una misión fotográfica y documental para la ciudad de Donostia-San Sebastián, que el año pasado 2016 fue la Capital Europea de la Cultura. Y lo he hecho acompañado de mi pequeña FujiFilm X-T10, que ha sufrido todas las inclemencias conmigo y ha sido mi principal equipo fotográfico con un resultado extraordinario.

Este fascinante viaje por todo el continente tenía como propósito documentar la diversidad de seres humanos, etnias, culturas, minorías y tribus urbanas que lo habitamos. Y frente a esos discursos que pretenden dividir, sembrar el odio y levantar más fronteras y muros, hacer un ejercicio fotográfico para descubrir cómo somos los europeos y europeas hoy y celebrar la diversidad y mestizaje. Como periodista y fotógrafo documental, al margen de otros reportajes y encargos para revistas y publicaciones, este era un proyecto muy personal y el segundo gran viaje que emprendo con mi Fujifilm X-t10.

El otoño pasado estrené la cámara documentando la parte más amarga de esas mismas fronteras: el éxodo de refugiados en el mar Egeo y acompañándoles en su periplo desde los embarcaderos clandestinos de Turquía, a través de Grecia y los Balcanes, hasta Alemania. Tanto en un caso como en el otro, la elección del equipo fotográfico, en especial por el peso, el tamaño, la resistencia y la discreción, es más que fundamental. La X-T10 me ha permitido lo mismo llevar la cámara en una pequeña mochila, que debajo de la chaqueta; con ella he viajado ligero sabiendo que llevaba un equipo de una calidad excelente, seguro, fiable y de disparo rápido cuando lo necesitaba –en situaciones de estrés, eventos inesperados o acontecimientos que se precipitan de forma repentina: como la apertura de una frontera, un baile nupcial o una manifestación–, de nitidez y calidad perfecta y una alta sensibilidad y respuesta en situaciones de luz muy comprometida, como lugares en gran penumbra, fogatas nocturnas o conciertos.

Como fotorreportero no entiendo mi profesión si no estoy cerca de las personas, próximo a los individuos que fotografío y comparto con ellos el calor, el frío, la alegría o las penas, el barro del suelo o el lujo de una recepción en un palacio. Y con esta cámara uno se siente capaz de hacer ambas cosas, como en este último viaje: entrevistar lo mismo a cabreros rumanos, visitar campos de refugiados, el underground de los barrios marselleses o estar entre parlamentarios y ministros en palacios, asistir a un pase de moda, o cubrir el mayor festival de música de Europa.

Moverse con agilidad con una camarita pequeña y lentes luminosas, permite ser audaz, acceder a esos lugares donde es necesario pasar desapercibido y mimetizarse con el entorno, allí donde prescindo de flashes y la producción de la luz y las escenas está a merced de lo que haya. Nada más. Es por eso que uso focales fijas, lentes pequeñas y que sean todo lo luminosas que sea posible; casi siempre llevo montado el objetivo Fujinon XF23mm F1.4, que viene ser un clásico 35mm. Una delicia de lente con la que componer escenas con una luz, nitidez y exactitud extraordinarias. Como complemento uso un pequeño angular, el Fujinon XF18mm F2, y el macro Fujinon XF60mm F2.4.  El resultado son unos colores y unas escenas con un ambiente extraordinario.

Otra  de las ventajas y sorpresas es el uso de la transmisión por wifi de imágenes. Esto ha supuesto un cambio enorme en mis ritmos de trabajo y en calidad. Me ha permitido mantener vivas mis cuentas de Instagram y Twitter, relatar el viaje en directo o enviar a mis editores fotografías en alta calidad de forma casi inmediata si ocurría algo relevante.  El diseño de la cámara es una ventaja documental clave también en el aspecto más humano: es discreta y por su diseño clásico, elegante y retro es la llave para despertar las simpatías de la gente, que no se sientan intimidadas. He tomado instantáneas, que antes con equipos más aparatosos perdía. De hecho, una parte fundamental de este proyecto ha sido hacer posar a casi un centenar de europeos y europeas, gente que libremente ha decidido ponerse delante de mi lente y participar en algo así como un catálogo humano del continente: desde octogenarias a recién nacidos, músicos, artistas, pastores, ingenieras, migrantes, nómadas o poetas. Llevar la Fujifilm X-T10 al hombro ha sido, de verdad, sentir el fotorreporterismo en sentido más puro, prístino, natural y clásico. Sin aditivos. La gente, la cámara y la carretera.

Daniel Burgui

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